Un gran camión congelador le llevó todos los ingredientes a Paco, se sentía como un niño con juguetes nuevos. Tenia de todo: todo tipo de quesos, salsas, carnes y masas. Su sueño podía hacerse realidad.
Comenzó a trabajar, primero con las masas, luego con las salsas y así trabajó toda la noche sin descansar, solo pensando en lo que podía lograr, no le importaba nada más. Trabajó y trabajó hasta que por fin terminó su obra maestra, lo único que faltaba era meterla al horno para completar su hazaña.
Muy atentamente, Tono miraba como se desarrollaba la situación, pero sabía que algo ocurriría cuando metiera la pizza en el horno, el lo sabía porque el colocó en los ingredientes un detonador.
Pobre Paco, no sabía lo que le esperaba. Con mucha alegría, a punto de culminar su obra maestra, metió la pizza al horno, lo puso a 100 grados y lo programo para una hora. Pasaron 1, 2, 3 segundos, los ojos de Paco se llenaron de lágrimas al ver su horno, no lo podía creer. Solo vio una luz intensa y ya no sintió nada. Hasta ahí había llegado su vida, nada mas podía hacer.
Tono se salió con la suya, como muchas veces, se aprovechan del bueno. Una obsesión puede llevar a una tragedia, triste, pero cierto.
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