El sudor corría por nuestra piel, los brazos se cruzaban para obtener el balón, nadie me la pasaba, yo solo corría de aquí para allá, pero no me rendía. Hasta que por fin me pasaron la pelota, no iba a desaprovechar esa oportunidad. Me acerque al aro y la metí a la primera, nadie lo esperaba. Al ver eso, mi equipo me agarró confianza y me pasó de nuevo el balón, ahora desde el tiro de tres, y si! La enceste, de esa forma sacamos al otro equipo y ganamos el partido de básquet.
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